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¿Cómo retomar la rentabilidad en la agricultura?

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Hay que eliminar el intermediarismo, integrarse verticalmente y asociarse a cooperativas

Durante décadas los productores agropecuarios han resistido con pasividad y hasta resignación las siguientes distorsiones que ocurren en las cadenas agroalimentarias:

  1. Suben los precios de los insumos agrícolas y, como consecuencia, los costos de producción de sus cultivos. Pero los precios de sus cosechas no aumentan en la misma proporción. Lo mismo ocurre en la producción ganadera.
  2. Cuando sus cosechas son abundantes bajan los precios, pero no necesariamente bajan los precios que los consumidores finales pagan al adquirir dichos productos en los supermercados.
  3. Los precios de los fertilizantes y agroquímicos aumentan por el precio del petróleo y el valor del dólar, pero cuando estos dos últimos vuelven a sus niveles normales, los precios de dichos insumos agrícolas ya no disminuyen.
  4. Bajan los precios que los intermediarios pagan a los productores, pero nunca ven que en los supermercados bajen los precios. Alguien se está quedando este dinero y no es el productor rural.

Como consecuencia de estos efectos, los agricultores se ven obligados a entregar una creciente cantidad de sus cosechas para poder adquirir una misma cantidad de insumos y de servicios. El poder de compra de sus “commodities” es cada vez menor. En esta injusta realidad reside una muy importante causa del empobrecimiento de los productores que, afortunadamente, ellos mismos podrían  eliminar, pero, debido a su individualismo no lo hacen.

En defensa de los agricultores

Para contrarrestar el deterioro de sus ingresos, provocado por esta expropiación de sus ganancias, los agricultores están aumentando la escala de producción, incrementando los rendimientos por unidad de tierra y de animal, y reduciendo los costos por kilogramo producido. Es decir, están adoptando medidas adecuadas que deberían incrementar sus ingresos. Sin embargo, el premio por esta mejora en la eficiencia, en vez de beneficiarlos, es absorbido/apropiado por los crecientes eslabones de las cadenas agroalimentarias. Porque desde que los insumos salen de las fábricas hasta que los alimentos llegan a los supermercados, existen cada vez más y más fabricantes de nuevos insumos, prestadores de nuevos servicios, intermediarios, procesadores de materias primas agrícolas, consultores de mercado y agentes de comercialización, empresas de publicidad, etc. Casi todos estos integrantes de las cada vez más largas cadenas agroalimentarias, viven de las riquezas que son producidas por los agricultores.

Desafortunadamente, este sistema esta tan arraigado que los agricultores piensan que no pueden hacer nada para eliminarlo. Ni siquiera se dan cuenta que es, este procedimiento injusto, por no decir parasitario, la principal causa de la falta de rentabilidad y de su generalizado endeudamiento. Han caído en una especie de conformismo fatalista. Las pocas veces que protestan es para mendigar, sin éxito, que los intermediarios e industriales les ofrezcan mejores precios o para reivindicar, también sin éxito, que los gobiernos suavicen su empobrecimiento concediéndoles créditos subsidiados, refinanciando y finalmente condonando sus deudas.

¿Y por qué ocurre todo esto? Entre otras razones, porque los productores rurales se hacen cargo de la etapa pobre y más riesgosa del agronegocio (producción) y delegan a terceros la etapa rica (procesamiento y comercialización). Es decir, “regalan” al sector agroindustrial, comercial y de servicios, la crema del agronegocio. Ellos lo hacen sin darse cuenta que, antes de la siembra, durante el ciclo productivo y después de la cosecha, existe una excesiva y creciente cantidad de instituciones y personas que les proporcionan servicios y productos, algunos necesarios y otros sencillamente prescindibles o reemplazables. Tampoco se dan cuenta que algunos de estos servicios y productos que son realmente necesarios, podrían ser producidos y/o ejecutados por ellos mismos, ya sea en forma individual o preferentemente en forma grupal. Sin embargo, los agricultores no lo hacen porque piensan que no son capaces de asumir como suya la ejecución de algunas de las actividades de la etapa rica del negocio agrícola. Si lo hiciesen se apropiarían de un porcentaje más elevado y más justo del precio final que los consumidores pagan por los alimentos.

Un productor pecuario debe ser un gran productor de forrajes

El ejemplo más evidente de esta excesiva e innecesaria dependencia que los agricultores tienen frente a los agroindustriales y comerciantes, es el caso de los alimentos balanceados, que adquieren de las grandes corporaciones internacionales, en vez de producirlas ellos. En la ganadería lechera, gran parte del costo del alimento podría eliminarse si los ganaderos supiesen cómo cultivar pasturas/forrajeras de alto rendimiento y de más elevado valor nutricional, si supiesen “cosecharlas” racionalmente a través de un correcto pastoreo rotativo y si supiesen almacenar los excedentes para utilizarlos en los períodos de escasez. Muchos productores rurales además de dedicarse a la avicultura, a la porcicultura o a la ganadería de leche producen, o podrían producir, casi todos los ingredientes que coincidentemente las grandes empresas industriales utilizan en la fabricación de los alimentos balanceados (maíz, sorgo, soya, alfalfa, leucaena, guandul, gliricidia, yuca, camote, granos de girasol y de algodón, ramio, etc.). Sin embargo, en vez de producir/fabricar ellos mismos, venden estas materias primas al primer intermediario que se les aparece, quien, a continuación, las vende a la industria transnacional fabricante de alimentos para animales. Ésta después de moler/triturar estos ingredientes, agregarles los componentes del núcleo vitamínico-mineral y de empaquetarlas en bonitos envases, las venden a un segundo intermediario que las transporta de vuelta, muchas veces al mismo municipio del cual salieron dichos ingredientes o commodities. Ahí un tercer intermediario las vende, en muchos casos, a los mismos agricultores que produjeron los ingredientes. Esta absurda distorsión es sencillamente inaceptable, porque, afortunadamente, podría ser corregida o eliminada por los propios productores rurales.

Evitar intermediarios a través de cooperativas

Es redundante afirmar que en este largo recorrido, de ida y de vuelta, que en muchos casos es de cientos y hasta de miles de kilómetros, de hecho son los productores rurales quienes están pagando los fletes y peajes, los impuestos en cada una de las varias transacciones, las ganancias de todos estos intermediarios, agroindustriales y comerciantes, entre otros. Gran parte de estos gastos podrían ser sencillamente eliminados pues más del 90% de los ingredientes de los alimentos balanceados, ni siquiera necesitarían salir de donde fueron producidos, porque podrían ir desde los campos de cosecha directamente a los establos de la producción lechera, pertenecientes a los mismos agricultores. Si a esto le agregamos el hecho de que al componente de alimentación corresponde el 80% del costo de producción en la avicultura y en la porcicultura, y por el 50% en la ganadería de leche, queda muy claro el “porqué” de la falta de rentabilidad en estas tres ramas de la producción animal. Esta irracionalidad debe y puede ser extirpada de los procedimientos de los agricultores; y ser eliminada por ellos mismos a través de cooperativas.

Entonces ¿cuál es la solución de fondo para disminuir esta expropiación de las riquezas que los agricultores y ganaderos producen en sus fincas? Reducir su dependencia de los otros integrantes de las cadenas agroalimentarias, o cuando esto no sea posible, volverlos menos vulnerables a la excesiva expropiación de dichos eslabones. ¿Cómo hacerlo? Organizándose con propósitos económico-empresariales de modo que ellos mismos, asuman en forma gradual, la ejecución de algunas actividades de la etapa rica del agronegocio. A propósito, es lo que ya están haciendo, con gran éxito, muchas cooperativas especialmente en el sur de Brasil. Son cooperativas agrícolas que están transformándose en cooperativas agroindustriales y agroexportadoras de productos con alto valor agregado. Incluso los agricultores que no pertenecen a ninguna cooperativa podrían organizarse en pequeños grupos para producir ellos mismos algunos insumos o por lo menos adquirirlos de forma grupal para disminuir sus costos individuales. Estos grupos podrían constituir sus propios servicios (de vacunación e inseminación artificial, de siembra, pulverización y cosecha, de asistencia agronómica y veterinaria, etc.). También podrían realizar en conjunto las inversiones de mayor costo, hacer una pré-industrialización/procesamiento inicial y comercializar sus excedentes con menor intermediación. Sugiero leer el libro “Desarrollo agropecuario: de la dependencia al protagonismo del agricultor” que está disponible en la página web http://www.PolanLacki.com.br/agroesp (especialmente los capítulos 5 y 11). Allá están descritas varias medidas sencillas y de bajo costo, pero altamente eficaces, para disminuir esta expropiación, y por ende, mejorar los ingresos de los agricultores.

Para concluir

  1. Una reflexión en forma de pregunta: ¿Por qué ningún fabricante de insumos, comprador de commodities agrícolas,  o agroindustrial transformador o intermediario que las vende y revende, se dedica a la etapa de producción primaria agrícola y ganadera? La respuesta es obvia y elemental: porque es mucho más rentable, más cómodo y menos riesgoso dedicarse a la etapa rica que a la etapa pobre del agronegocio. Todos los integrantes de las cadenas agroalimentarias ya se han dado cuenta de esta constatación, menos los agricultores.
  2. Una advertencia: Aunque sea importante, no es suficiente que los productores rurales se integren a las cadenas agroalimentarias. Ellos deben tener como objetivos de corto, mediano y/o largo plazo el propósito de “encargarse” de la ejecución de algunas otras etapas del negocio agrícola, como por ejemplo: fabricar sus propios alimentos, comprar insumos y comercializar las cosechas en conjunto, incorporarles valor y hasta exportar en conjunto.
  3. Una sugerencia a los productores rurales que se dedican apenas a la etapa pobre del agronegocio y que ejecutan todas sus actividades en forma individual (comprar insumos, hacer inversiones caras y comercializar sus excedentes): ¡Abran los ojos! antes que sea demasiado tarde.

Críticas y contribuciones:

Polan Lacki / e-mail: Polan.Lacki@onda.com.br1