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Cooperativas demuestran que los subsidios no funcionan

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Experiencia de agricultores eficientes y organizados de Brasil

Este artículo describe qué y cómo le han hecho muchos agricultores de diferentes países para dejar de depender de sus gobiernos y empezar a alcanzar grandes logros en el desarrollo de su sector agropecuario. Describiremos el caso de Brasil.

Que Brasil se haya convertido de un tradicional importador de alimentos, en el más grande productor y/o exportador mundial de soya, carne de res y pollo, azúcar, tabaco, café, jugo de naranja y etanol, entre otros, no es casualidad. En apenas 22 años, de 1991 al 2013, triplicó su producción de granos, al pasar de producir 58 millones de toneladas a 187 millones de toneladas. Apenas en otros 11 años cuadriplicó el ingreso en dólares generados por la exportación de productos agropecuarios, saltando de 25,000 millones de dólares en el año de 2002  a 100,000 millones de dólares en el año de 2013. Gracias a estos logros, el agro se ha convertido en una “locomotora” del desarrollo nacional porque actualmente contribuye con el 23% del PIB brasileño, con el 33% de los empleos y con el 42% de las exportaciones globales del país. Mejor aún, en el primer cuatrimestre del 2018  los productos del agro contribuyeron con el 49.8 % del total de las exportaciones brasileñas.

El modelo de las cooperativas

El modelo de las cooperativas o la asociación de los productores debe proporcionar a sus asociados varias ventajas. Primero, las economías de escala. Las cooperativas deben ejecutar aquellas actividades de mayor costo y complejidad que los agricultores difícilmente podrían realizar individualmente, como la compra de insumos al por mayor, la venta de la producción a mejores precios, sin intermediarios, en beneficio de los asociados.

Por ejemplo, las cooperativas proporcionan crédito rural desburocratizado y una muy eficiente asistencia técnica realizada por sus extensionistas directamente a los agricultores en sus ranchos, y también a través de programas radio y/o televisivos educativos con el fin de que no se olviden qué y cómo deben hacer para volverse cada vez más eficientes como productores rurales y como administradores de sus operaciones.

Asimismo, las cooperativas producen y proporcionan a sus asociados insumos de especialidad que al ser comprados en volumen se obtienen a mejores precios como semillas mejoradas, agroquímicos, maquinaria agrícola, fertilizantes, etc.

Las cooperativas deben ofrecer almacenamiento en sus silos de los granos cosechados por sus asociados, de modo que ellos no sean presionados a vender sus cosechas, principalmente en la peor época del año cuando todos necesitan comercializarlas y pocos intermediarios desean adquirirlas.

Las cooperativas reciben la producción de sus asociados, que la pueden industrializar y comercializar, con un valor agregado y con mínima intermediación. Algunas de estas cooperativas pecuarias, a través de sus propios frigoríficos almacenan 18,000 cerdos al día, 1 millón de pollos al día, y a través de sus industrias lácteas, industrializan hasta 1.6 millones de litros de leche al día .

El objetivo consiste en realizar compras de insumos al por mayor e importar, sin intermediación y en grandes volúmenes. Otras cooperativas poseen hasta farmacias veterinarias, supermercados, estaciones de servicio para abastecer los tractores y automóviles de sus asociados; adicionalmente poseen tiendas para reventa de herramientas agrícolas y repuestos para tractores, sembradoras y cosechadoras. Es decir, sus cooperativas ofrecen servicios que por su costo y complejidad difícilmente podrían realizar individualmente.

Ventajas económicas

Los agricultores ya no compran a precios elevados sus insumos como las semillas, los pesticidas o los fertilizantes, entre otros, el último eslabón de una larga cadena de intermediación porque ahora los adquieren, a precios justos, directamente de sus cooperativas.

Por ejemplo, los avicultores, porcicultores y productores de leche ya no necesitan alimentar sus animales con alimentos balanceados de altísimo costo fabricadas por las cinco grandes corporaciones multinacionales (Provini y Nutreco de Holanda, Evialis de Francia, y Cargill y Purina de los EUA); porque actualmente ellos alimentan sus animales con el alimento de bajo costo que ahora es fabricado por sus cooperativas utilizando principalmente el maíz y la soya que son producidos por sus propios asociados.

Los agricultores ya no venden soya en grano o maíz en pequeñas cantidades al primer intermediario que aparece en sus ranchos, sino que sus cooperativas reciben e industrializan dichas cosechas y las venden, sin intermediación, directamente a los usuarios finales, ya transformada en margarina/manteca, pasta y/o aceite de soya refinado y embotellado. Ya no venden café en grano a los intermediarios sino que, a través de sus cooperativas, lo venden tostado, molido y empaquetado listo para ser consumido.

Esto significa que cada asociado ya no vende leche en minúsculas cantidades a los intermediarios, sino que sus cooperativas recogen la leche de sus asociados, la industrializan y la venden transformada en mantequilla, queso, leche condensada, jugos, yogurts o dulce de leche. Asimismo, significa que los criadores de cerdos ya no los venden vivos a los intermediarios, sino que los entregan a sus cooperativas que los industrializan y venden transformados en cortes nobles, en jamones, costillas,  longanizas, morcillas, etc.

Finalmente, lo más importante y extraordinario, es que estos apoyos significan que el valor agregado por los agricultores benefician a ellos mismos y a sus cooperativas, en lugar de seguir  beneficiando a los largos eslabones de intermediación, que actúan antes de la siembra y después de la cosecha. Estos intermediarios que, cuando no existen eficientes cooperativas,  se apropian sin merecerlo, del 80% del valor que con mucho esfuerzo y riesgo fue producido por los agricultores.

Estos éxitos empezaron  a través de una eficiente labor educativa de los extensionistas orientada a incrementar la productividad y a estimular el cooperativismo para adquirir insumos y comercializar cosechas sin intermediación.

Esta increíble modernización del agro empezó a ser construida a través de minúsculos grupos de agricultores solidarios y emprendedores de las tres pequeñas provincias del Sur de Brasil (Rio Grande do Sul, Santa Catarina y Paraná). Estos pequeños  agricultores contaron desde el inicio, con la motivación y con la eficiente asistencia técnica de los servicios de extensión agrícola que existían en las décadas de 1960, 1970 y 1980 (ASCAR, ACARESC y ACARPA, respectivamente ). Fue esta labor educativa de los  extensionistas, la que provocó un impresionante cambio en las actitudes y en los deseos de superación de los productores rurales. Dichos agricultores, reconociendo su propia fragilidad individual y acogiendo las recomendaciones de los extensionistas se organizaron en pequeños grupos cooperativos y tomaron en sus propias manos la solución de sus problemas económicos. Una vez que el éxito de estos pioneros quedó evidenciado y reconocido por sus comunidades, los gobiernos les concedieron créditos con la expresa condición de que los mencionados extensionistas los asesoraran técnicamente.

Sin  embargo, este éxito inicial, fue apenas el comienzo  de una gigantesca, muy rápida y muy eficiente expansión territorial de la frontera agrícola a otras regiones brasileñas. Porque, después que las tierras de las tres recién mencionadas provincias sureñas ya estaban ocupadas/cultivadas, los hijos y/o nietos de estos pioneros, inspirados en los ejemplos de sus padres y abuelos, migraron de manera espontanea a otras lejanas diez provincias brasileñas en las cuales había gran disponibilidad de tierras de bajo costo aún no cultivadas. Mato Grosso do Sul, Mato Grosso, Pará, Rondonia, Goiás, Bahia, Tocantins, Piauí, Maranhão y Roraima. Y en estas nuevas provincias, con increíble rapidez y con mínimo apoyo gubernamental,  implantaron muy eficientes y muy extensas operaciones agrícolas y ganaderas. Fue esta etapa de expansión de la frontera agrícola, protagonizada por la nueva generación  de productores rurales la que posibilitó una muy rápida transformación de Brasil en una gran potencia agroalimentaria, agroindustrial y agroexportadora mundial.

Tal fue el entusiasmo de los hijos y nietos de dichos pioneros que muchos de ellos, “sin solicitar permiso”, cruzaron las fronteras y comenzaron a establecer sus eficientes fincas en Paraguay y en Bolivia. Estos países, cuyos productores rurales inspirados en los ejemplos de estos brasileños, se han convertido, muy rápidamente, en eficientes productores y/o exportadores de carne de res, cerdos y aves, soya, maíz y trigo, entre otros. Entonces si los brasileños, los paraguayos y los bolivianos han demostrado que fue posible promover esta eficiente y autogestionaria revolución productiva, seguramente los productores rurales de todos los demás países de América Latina, incluido México, también pueden hacerlo. Este mensaje es una invitación a que empiecen a hacerlo, ojalá inmediatamente.

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