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El impacto económico del COVID 19 en el agro mexicano

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Opinión del grupo consultor de mercados agrícolas (GCMA)


Es posible que desde 2009 no se haya visto un escenario tan complejo como el actual. Rememorando lo que pasó en 2009, tuvimos una contracción de la economía superior al 6% debido a una crisis desatada por la deuda subprime en EE. UU., que se profundizó por nevadas que paralizaron durante semanas la actividad económica de nuestro principal socio comercial y en México, tuvimos el brote de la pandemia H1N1 que generó 5 días de paro total.

A diferencia del 2009, este año tenemos una situación todavía más compleja iniciando por un aletargamiento de las principales economías, conflictos geopolíticos (sobre producción de petróleo), efectos adversos del cambio climático, plagas, pandemias zoosanitarias (fiebre porcina africana) y por último el COVID-19.

Algunos analistas financieros señalan que la economía de México sufrirá la mayor contracción desde el 2009, teniendo un decremento entre 3.0% a 7.0% (último dato de acuerdo con la proyección de J.P Morgan). Asimismo, existe un consenso en que la crisis será un shock temporal ( a pesar de continuar el COVID-19 por varios meses más) y que la economía de México regresará a la senda de crecimiento moderado en 2020. De hecho, parte de la recuperación económica provendrá de la depreciación del peso frente al dólar; sin embargo, el nivel de recuperación no alcanzará el PIB que se tuvo previo a la crisis.

En este marco de incertidumbre, los diversos sub-sectores agroalimentarios viven efectos encontrados. Por una parte, el tipo de cambio que beneficia a las cadenas agroexportadoras impactará a los importadores de materias primas. Otro efecto es que las personas se están aislando, dejando de consumir alimentos en hoteles, restaurantes y servicios de alimentos, adicionadas a las compras de pánico en los canales tradicionales (súper mercados y tiendas de abarrotes). Por otro lado, el precio de los energéticos seguirá disminuyendo y con ello los costos de producción y transporte.

Granos y Oleaginosas

Al iniciar el año, la guerra comercial entre China y EE. UU. dejó como resultado inventarios de soya y otros granos sin comercializar. Además, la demanda por granos disminuyó, derivado de la Fiebre Porcina Africana la cual afectó al 50% del hato porcino de China y la reducción de la demanda por el inicio del COVID- 19. Por otro lado, la cosecha que se espera para el presente año será de buena a muy buena y esto ha sido reflejado en el mercado futuros, que muestra signos de un mercado sobre ofertado para maíz y soya, lo que ha incidido en la baja como se puede apreciar en las gráficas 1 y 2.

En el caso de maíz, que muestra la caída más pronunciada y considerando que la cosecha de Sinaloa está próxima a comercializarse, pareciera un escenario bastante malo para los productores; no obstante, el tipo de cambio ha tenido una depreciación fuerte como se observa en la gráfica 3.

El menor tipo de cambio del año se registró el día 18 de febrero del presente en el cual se tuvo una paridad de $18.57 pesos por dólar. Dicho tipo de cambio no se sostuvo por el nerviosismo causado por el COVID-19, pero el factor que impactó de mayor manera, fue la guerra petrolera entre Arabia Saudita y Rusia, impulsando la paridad cambiaria a $25.07 pesos por dólar (25 de marzo 2020). Esto significa que en poco más de un mes, el peso perdió 35% de su valor frente al dólar. Por su parte, el futuro de maíz ha perdido solamente 15% de su valor.

El efecto cambiario es muy poderoso en la determinación de los precios a los cuales venderán los productores su cosecha, antes de la depreciación, con un precio de futuro más alto y un base de 35 dólares. Con esto, el productor estaría recibiendo $3,600 pesos por tonelada de maíz, mientras que ahora, con un precio de futuro menor, misma base y tipo de cambio mayor, el productor recibiría por tonelada $3,990 pesos.

En la siguiente gráfica podemos apreciar que el precio pagado al productor tiene una variable incidental, con efecto multiplicado el cual corresponde al tipo de cambio, gráfica 4.

En general, desde el 2013 los precios pagados al productor (futuro+ base) han tendido a la baja, pero el efecto de tipo de cambio ha mantenido los precios al productor muy por encima del periodo 2000-2010.

Referente al abasto de granos para consumo humano, podemos estar tranquilos ya que México es el mayor productor del mundo de maíz blanco del cual se espera una producción de 23.1 millones de toneladas para el 2020 de las cuales, 19.9 son para consumo humano e industrial. El excedente de maíz blanco más la producción de maíz amarillo de 3.5 millones de toneladas será consumido por el sector pecuario que importará 17.9 millones de toneladas para complementar su consumo anual. El abasto de los granos para el sector pecuario también está garantizado; hace unos días el U.S Grain Council de EE. UU. se pronunció al respecto señalando que operan de manera normal para garantizar el abasto.

Conclusión

El abasto de alimentos está garantizado dentro de México y las exportaciones siguen fluyendo hacia EE. UU., el cual tiene una política agresiva para garantizar el abasto de alimentos. Los precios, si bien se han movido en algunas cadenas agroalimentarias en el tema de precios al consumidor, no registran aumentos exorbitantes.

De suceder la fase 3 para combatir la propagación del COVID-19, se presentarán retos a corto plazo importantes, ya que es posible que no haya suficientes agricultores y trabajadores a lo largo de las cadenas de valor para poder garantizar el abasto, pero se está trabajando para evitar la ruptura de la cadena de suministro. La preocupación de fondo es sobre la capacidad de las personas de poder adquirir la canasta básica, ahora que muchas personas se encuentran en paro recibiendo el 50% de sus ingresos recurrentes o en algunos casos sin recibir ingresos, ese es el verdadero riesgo para los sub-sectores agroalimentarios de México.