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La nueva agricultura sustentable de maíz y soya en Sinaloa

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Con efectos positivos en costos, rentabilidad, sustentabilidad y cosechas sanas


La agricultura sustentable, con reducción gradual de agroquímicos, y las políticas que la fomentan son necesarias para garantizar los derechos a la alimentación y un medio ambiente sano para los agricultores y consumidores. En el foro Agrotecnologías para el Cultivo del Maíz, se habló sobre el trabajo desarrollado para impulsar la transición agroecológica en campos de Sinaloa.

“Lo avances son producto de un trabajo de la Secretaría de Agricultura en articulación con empresas, organizaciones y líderes de productores, científicos, el Instituto Nacional de Investigaciones Agropecuarias, Forestales y Pesqueras (INIFAP) y el Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria (Senasica)”, señalaron los expertos ponentes del evento.

Consiste en la producción exitosa de soya en el centro de Sinaloa durante el ciclo primavera/verano 2020, a partir de un plan de siembras con el sistema Agricultura Campesina de Conocimientos Integrados (ACCI) y Manejo Integral de Cultivos Inducidos (MICI).

Con este esquema se produjo soya –después de 25 años de prohibición motivada por un señalamiento de que los cultivos de esta oleaginosa atraían a la plaga de la mosca blanca y afectaban campos vecinos de hortalizas–. Con prácticas agroecológicas: uso de microorganismos, de lombricomposta y control biológico de plagas, entre otras tecnologías, se logró producir soya este 2020 en plan piloto sin incidencia de la plaga y además mayores rendimientos, menos costos y, sobre todo, con cosechas saludables de soya que se cataloga como orgánica.

En el ciclo otoño/invierno 2020-2021 el programa Producción para el Bienestar prevé –con su Estrategia de Acompañamiento Técnico (EAT)– implementar el sistema ACCI-MICI para la producción de maíz blanco en mil 915 hectáreas en manos de 481 productores de los municipios Mocorito, Angostura y Salvador Alvarado.

La meta consiste en producir 21 mil toneladas, con costos estimados de 23 mil 40 pesos por hectárea y con una utilidad por hectárea de 26 mil 760 pesos, que se comparan con 30 mil pesos del costo y 19 mil 800 de utilidad correspondientes a un manejo tradicional con uso de agroquímicos.

Se prevén, prácticas sustentables, sin agroquímicos, y rendimientos de 12 toneladas por hectárea (similares a los del sistema tradicional).

Ante una condición grave de deterioro y contaminación de suelos y cuerpos de agua, México debe transitar hacia la agricultura sustentable con una reducción gradual de los agroquímicos.

El sistema ACCI-MICI aprovecha la sabiduría que los agricultores han acumulado por generaciones y propicia el intercambio de conocimientos de campesino a campesino, de científico a campesino y de campesino a científico y tiene en el núcleo de su interés a los productores, a sus familias y a las organizaciones locales y regionales de éstos.

En el trabajo que la Secretaría de Agricultura desarrolla por medio de la EAT en 23 regiones del país, y con el sistema ACCI-MICI, un elemento fundamental es dejar atrás el paradigma de que el suelo es un ente muerto, inerte, que requiere recibir desde afuera todos los nutrientes y fertilizantes químicos.

El suelo, es un ente vivo y las plantas cuentan con elementos de información que hay que entender porque tienen un mecanismo de resistencia vegetal frente a agobios bióticos y abióticos.

Por ello, es necesario un sistema de acción complejo, como lo es ACCI-MICI, con importante uso de lixiviados de lombricomposta, con consorcios de microorganismos, con aparatos de medición constante –a lo largo del desarrollo de los cultivos– de la salud del suelo y las plantas, lo que está permitiendo obtener resultados positivos.

Los efectos son menores costos y emisión de gases de efecto invernadero, mayor rentabilidad, regeneración de los suelos y producción de alimentos más saludables.

En este marco hay otros resultados: se revaloriza el trabajo campesino, se propicia la elaboración de insumos con recursos propios de las localidades, se impulsa la producción doméstica de semillas nativas e híbridas, se reactiva la economía agrícola y rural, se reconstruye la cohesión social a escala familiar y comunitaria, y se minimiza la dependencia de compras de empresas trasnacionales proveedoras de semillas, fertilizantes, plaguicidas y demás insumos.

Los sistemas de producción sustentable implican inversiones, como biofábricas de microorganismos, laboratorios de control biológico para producir insectos benéficos y centrales de maquinaria de labranza mínima, y todo esto puede lograrse desde la organización propia de los involucrados, como ocurre en la región del Évora, en el norte de Sinaloa, indicó.

En Sinaloa la Secretaría de Agricultura trabaja conjuntamente en procesos sustentables con la Junta Local de Sanidad Vegetal del Valle del Évora, con el Club de Mínima Labranza y con la empresa de agricultores Impulso Rural, SA de CV.