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Los caminos de las sociedades rurales en un mercado globalizado y características de la caña de azúcar

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A través de los años, la forma de comercio de los productos agrícolas ha sufrido diversos cambios. Actualmente intervienen –dada la globalización– las empresas multinacionales, los cambios climáticos, las formas de organización de los productores y la distribución de la tierra.

Ha formado dos teorías económicas modernas; comenzó con los valores del siglo de las luces y con el inicio del dominio mundial de Inglaterra a finales del siglo18. La alternativa Francesa a este dominio terminó en la isla de Santa Helena “Una mierda lo que el diablo hizo volando de Sur América hacia África” –con el exilio del emperador Napoleón y su sueño de una Europa Continental.

En 1821, Napoleón en su memoria analizaba el defecto de este modelo continental, explicando que el pueblo inglés era un pueblo de negociantes y responsables del fracaso del bloqueo continental que tenía como objetivo acabar con la situación económica de “Perfide Albion” ( nombre el cual los franceses utilizan para referirse al anglófono).

Frente al fundador de la economía moderna, el famoso autor inglés Adam Smith (1723-1790) y su libro fundamento económico actual basado en el comercio, “La riqueza de las Naciones” o el francés Francois Quesnay (1694-17774) explicó como algunos años atrás la riqueza de los pueblos era basada en la agricultura y ahora ha caído en el olvido.

Después surge la última apertura de las economías modernas para las mercancías, con la llegada de China en la organización Mundial de Comercio (OMC), en Noviembre del 2001. Napoleón había hablado de China como “el día que se despierte causará que el mundo tiemble”, la próxima frontera es “ la integración de las economías: será en el sector agrícola, en la que Brasil y tal vez mañana África, tendrán un papel  preponderante“.

Pero sin un acuerdo sobre el expediente agrícola, la OMC esta paralizada.

Será que ¿el valor viene del comercio o de la agricultura? O ¿de la demanda y oferta? Tal vez un poco de ambas cosas, en el paradigma de los mercados nacionales, herencia de los cien años en los cuales nuestras sociedades han sido construidas modernas y democráticas. Un hecho, que no es un rendimiento puede hasta ser mejor que la agricultura, en donde se planta uno y se cosecha veinte o treinta de regreso.

A no ser la magia de un Bernard Lawrence Madoff, un verdadero capitalista diabólico con sus “subprimes” es decir “fondos podridos”. La modernidad, es herencia de la Revolución Industrial, que dio a la humanidad inmensas posibilidades de rendimientos por hectáreas.

A la mitad del siglo pasado, a llamada de la revolución verde en la India como la conquista de la Amazonía abrió otras fronteras  cualitativas además de las cuantitativas”.

Todavía poco a poco, de manera inexorable las fronteras se elaboraron hasta principios de este siglo, nuevas en lugares lejanos como la amazónica o la selva africana.

Las multinacionales son grandes actores del mercado internacional, por ser intermediarios entre la oferta y la  demanda poseen la ventaja de poder controlar las fuentes de productos agrícolas como los mercados consumidores solubles.

Económicamente son inútiles en la parte superior de los mercados “libres” donde los productos básicos agrícolas de materias primas miran los bienestares; va más fácil la oferta y la demanda de un mercado globalizado en base a los intercambios en Nueva York o Londres.

Por estos motivos  los grandes autores del mercado económico de los bienestares están en la corrida por la tierra.

Sólo en Brasil 23% de tierras de caña son controladas por las multinacionales. La participación de las empresas extranjeras  del sector sucro-energético deben ir alrededor de 37% hasta el 2015, de acuerdo a la estimación de la Consolatoria de Datagro. Este fenómeno también está aconteciendo fuertemente en África, el último lugar en donde existían espacios suficientes para una agricultura eficiente es decir productiva.

Producir comida para 9 billones de personas en el mundo de hoy y tal vez 15 billones en el 2015 es un gran desafío. Más no se puede olvidar que todo lo de este mundo no es económicamente seguro. El mercado solamente acepta consumidores y no a los seres humanos. Un desafío socialista de este siglo es hacer de los seres humanos consumidores, y de los consumidores seres humanos.

En los últimos años, nuevos consumidores han llegado al mercado nacional con la aceleración de la economía nacional y la redistribución social durante el gobierno de Lula. Nada es imposible que no acontezca en otros países también.

Esta oferta entre el consumo y la ciudadanía será posible en un equilibrio entre el comercio y la agricultura, tener y ser, oferta y demanda, pragmatismo o humanismo. Porque al final, la agricultura no les importa, como hablaba Marechal Petain (1856-1951) “ el deleite francés” de 1940 contra los alemanes o al final de “…lo que el viento se llevó” uno de los primeros filmes en el núcleo de la historia del cinema, la actriz Vivian Leigh (Scarlett O’Hara en la película) recogió la tierra roja agrícola “Tara”, la cual también es el nombre de la colina en Irlanda, en donde los Célticos se congregaron para discutir problemas de la isla y que garantiza la continuación de generaciones y de la especie humana.

Para esto se debe de trabajar con fuerza y vigor para un mundo más justo como el que todos queremos no solamente los movimientos sociales anti-globalización, los cuales están muy  lejos de la realidad agraria y de las ideologías de hace casi  un siglo, son más dogmáticos que cercanos a la realidad agraria.

La caña de azúcar, esta planta matricial

De todos los productos agrícolas, pocos poseen tantos derivados como la caña de azúcar: Azúcar para la industria alimenticia, farmacéuticas, automovilísticas, químicas, etc. Podemos llamar esta planta como una planta matricial, o sea, pudiendo ser utilizadas en varias aplicaciones y sectores económicos.

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En el libro “Sugar, a Bittersweet History” (“Azúcar, una Historia Agri-dulce”) la canadiense Elizabeth Abbott, especialista en el asunto de la caña, comienza la historia de una inglesa llamada Mary usando, en el siglo 18, una simple cuchara de azúcar para el té de ella. Así también como una simple cuchara de azúcar, la globalización comienza en China hasta las Américas por medio de los consumidores europeos, cada vez más numerosos y  con poder de consumir productos “exóticos” cada vez más baratos.

La caña de azúcar acompañó y hasta participó de creaciones de naciones modernas. En 1939, los holandeses cambiaron Nueva Ámsterdam por Surinam, dejando a los ingleses crear Nueva York. En 1763, los franceses cambiaron Canadá por las islas de azúcar Martinica y Guadalupe, hasta hoy francesas. En África, los esclavos fueron necesarios para la exploración de la planta, modificando profundamente este continente. Como serían los Estados Unidos o Canadá, Surinam, África o hasta Brasil sin la caña de azúcar?

Hoy en día, la industria de la caña tiene el papel enorme en las economías nacionales de muchos países sobre todo de los países en desarrollo.  En Brasil, campeón mundial de exportaciones, más de 1,3 millones de personas trabajan en el sector; en la India 35 millones de personas viven de la planta. En países africanos, como el Senegal, Camerón y Mozambique, el sector de la caña es el primer empleador privado. Un amigo, padre misionero, en Malawi, África, me explicó que en estos países una usina parece “un oasis de tecnología y progreso en un mar de miseria”.

El progreso es bueno solamente cuando el lucro puede ser dividido, según dice Auguste Comte (1798-1857) en la filosofía positivista. De hecho, la economía formal que el sector genera para estos países es fuente de impuestos que garantizen una cierta forma de justicia social, como la redistribución de un estado moderno. ¡Sin impuestos, no habría simplemente luz pública en las calles de las ciudades! Eso muestra que el papel incontestable de esta planta, puede portar una sociedad moderna como también más justa. Esto explica por parte el aspecto social que Lula (Luiz Ignacio da Silva, ex presiente Brasileño) vendía en la diplomacia el “etanol” para África.

El mercado globalizado aprovecha lo que David Ricardo –hijo espiritual de Adam Smith–, llamó de ventajas comparativas. En el mundo ideal de los economistas, con base en el comercio, se necesita comprar al mejor precio para vender al precio del mercado en un lugar adonde se necesita el producto. Esto significa que el modelo más eficiente sería económicamente el mejor.  Como también, la economía no puede ser desconectada de lo social, o sea, del ser humano. Una vía media sería la utopía para un desarrollo sustentable del sector tanto cuanto de la sociedad.

Esquemáticamente, dos modelos de cultivo de caña existen en el mundo: el modelo productivista y de mono cultura brasileño (en el cual la rotación de culturas como la caña puede “aliviar” el peso ecológico y el uso de agro tóxicos)  y el modelo familiar indiano.

El modelo indiano es interesante en la medida en que se sitúa sobre pequeñas haciendas, pero imposibilita economías de escalas con mecanización y limita el acceso a nuevas tecnologías de la agronomía moderna. Este modelo fue una “respuesta” al aumento de la población, que pasó en 100 años de 120 mil personas a más de 1 billón (Brasil fue solamente de 20 mil a 200 millones de personas).

El modelo “socialista” indiano impidió la concentración de tierras, siendo que por lo contrario el modelo “capitalista” brasileño naturalmente favorece la existencia de grandes haciendas, principalmente en estados con menos densidad demográfica. Dos medidas de valores que tal vez algún día podrían ser apareados solamente con la finalidad de dar empleo y eficiencia para todos.

Nuestro mundo moderno, consecuencia de la revolución industrial de la mitad del siglo 19, es intrínsecamente conectado a dos más grandes invenciones: el motor a explosión y la hada electricidad.  Hoy en día, el azúcar continúa revolucionando el mundo con un aspecto material en cuatro niveles: el azúcar, el producto tanto para la comida como para consumo farmacéutico o su propia capacidad física en ser anti-oxigenito natural y barato; el alcohol, tanto de boca como para carros y quién sabe algún día para aviones; aparatos domésticos, que facilitan nuestro día a día; y bueno, la captación de CO2, asegurando, de una cierta forma, un equilibrio entre la naturaleza y el hombre, dueño de la tierra.

500 años después de su llegada al Brasil, desde la Isla de Madera, de los árabes e indianos, la caña de azúcar nunca fue tan moderna.

Esperamos que esta planta tan generosa  para la sociedad pueda dar todos los frutos de progreso.  AS

Olivier Genevieve
Presidente de la ONG (Organización No-Gubernamental)
Sucre Ethique y profesor en la Escuela de Comercio INSEEC. Lyon–Paris.
Traducción hecha por: Mercedes Menjivar, (El Salvador)