
lunes, 20 de abril de 2026


La guerra en Irán, el incremento de los precios del petróleo y el gas, así como la disminución en las exportaciones de fertilizantes y de los insumos para su producción, generaron una crisis en la disponibilidad de abonos a nivel mundial, cuya primera manifestación es la escalada en los precios de los fertilizantes. De prolongarse la situación, puede convertirse en una catástrofe agroalimentaria global, alertan expertos.
De acuerdo con el presidente del Grupo Consultor de Mercados Agrícolas (GCMA), Juan Carlos Anaya Castellanos, entre el 20 de febrero y el 27 de marzo de 2026, el precio de la urea se incrementó 25.8%; el del fosfato diamónico (DAP) 26.4% y el del fosfato monoamónico (MAP) 28.7%.
Si se compara la evolución de precios entre enero de 2025 y el 27 de marzo de 2026, se observa que la urea se incrementó 46.7%, al pasar de 9,550 a 14,010 pesos la tonelada; el del DAP 57.2%, al pasar de 13,380 a 21,040 pesos la tonelada y el del MAP 53.6%, al pasar de 14,000 a 21,500 pesos la tonelada.
Entre enero y febrero de 2026 México importó 561,000 toneladas de fertilizantes, lo que representó un incremento de 34.2% si se compara con las 418,000 toneladas compradas en el mismo periodo del año anterior.
Hay que tomar en cuenta que con los bajos precios de algunos productos agrícolas como los granos y el incremento de los fertilizantes seguramente algunos productores podrían optar por no sembrar debido a la falta de rentabilidad y eso tendrá un impacto en los precios de los alimentos.
Además, expuso que los bancos y los intermediarios no van a estar dispuestos a prestarles dinero a los agricultores simplemente por no ser rentables.
“Esa es la preocupación que tenemos: que se quede superficie sin sembrar ante la falta de rentabilidad y de políticas públicas que le permitan al productor tener certidumbre”.
Recordó que antes de que iniciara la guerra en Irán, ya se reportaban aumentos en los precios de los fertilizantes de alrededor de 30% ocasionados por los precios bajos de los granos.
Además, en Sinaloa se dejaron de sembrar 100,000 hectáreas donde se hubieran producido más de un millón de toneladas de granos, mientras que en Tamaulipas están en riesgo de no sembrarse 300,000 hectáreas principalmente de sorgo y maíz.
En el caso de El Bajío, los productores temen no poder acceder al crédito por falta de rentabilidad.
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