Los bioherbicidas continuan siendo elusivos comercialmente

Juan Camilo Esguerra

miércoles, 8 de julio de 2026

Hay USD 34 mil millones que los biológicos no han podido tocar. No es falta de ganas. Es que el problema es brutalmente difícil.

El mercado mundial de herbicidas vale alrededor de USD 34 mil millones. Casi el 50% del negocio total de PPC (Fortune Business Insights). Nada despreciable.

Todavía más atractivo por la resistencia adquirida por las malezas a los productos de síntesis química. Hay 31 modos de acción identificados. Hay resistencia para 21 de ellos. El problema es global: 98 cultivos diferentes en más de 72 países (CornellCals).

Pero, los bioherbicidas continúan siendo el elusivo santo grial.

Hace poco Pam Marrone anunció que tiene un producto listo. Calcula que les tomará alrededor de 2 años obtener el registro. Controla algunas malezas resistentes al glifosato. No todas. Marrone reconoce las limitaciones de su herbicida.

Entretanto, Greenlight Biosciences solicitó el registro de un bioherbicida con tecnología de iRNA. Tecnología de punta, pero también de altísima especificidad, lo que limita el alcance del producto (AgAlert).

Este no es el único cuello de botella. La brecha entre el laboratorio y el campo es gigante.

AgBioScout ha identificado 250+ sustancias con potencial bioherbicida. Ninguna ha logrado convertirse en un producto comercial efectivo y competitivo.

La pared técnica es enorme. Si la molécula es viable, exige dosis masivas que la hacen antieconómica. Si la dosis es la correcta, los tiempos de acción en el campo son demasiado prolongados. Cuando no es un problema de costos de producción industrial, es la falta de selectividad; el producto termina dañando el cultivo que se supone debe proteger.

Y hay paradojas. Algunos desarrollos a base de hongos: funcionan muy bien y perduran tanto tiempo en el suelo que no hay recompra. Peor aún: el vecino puede ir a la finca donde fue aplicado y tomarlo directamente para su propio predio (American Chemical Society).

Un éxito biológico. Un suicidio comercial.

Además está el glifosato: controla un amplísimo número de especies, por un costo relativamente razonable y, gracias a la ingeniería genética, sin afectar los cultivos que protege. Es el 20% del negocio global de herbicidas (GMI). No es un competidor menor.

Ante esto, la puerta de entrada para los bioherbicidas está en la resistencia de las malezas a los PPC tradicionales, siempre y cuando puedan romperla a un costo competitivo. Inicialmente, su rol será más complementario que de sustitución. Cambiará en la medida que la categoría gane efectividad en campo y aumente la presión regulatoria sobre los productos de síntesis.

El gran salto en efectividad posiblemente vendrá de la mano de la IA. Sí, recientemente le “falló” a Bayer en el desarrollo de un nuevo MoA. También es cierto que Bayer acaba de lanzar la Icafolina que, si bien es síntesis química, es la primera en la historia diseñada por completo con IA (Global Agriculture).

La IA no es infalible, pero sí tiene la capacidad (30 veces más) de señalar nuevos caminos.

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