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Perspectivas para la producción de cereales

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En los años noventa, se apreció una disminución en el crecimiento del consumo mundial de cereales. Esto no fue debido a limitaciones de la capacidad de producción, sino más bien a un crecimiento más lento de la demanda causado por factores excepcionales y en su mayoría transitorios. Volverá a crecer el consumo, lo que dará lugar a una dependencia creciente de las importaciones de los países en desarrollo.

Existe el potencial para que exportadores nuevos y tradicionales remedien este desequilibrio, pero será necesario resolver problemas de seguridad alimentaria y de degradación medioambiental.

Los cereales siguen siendo la fuente de alimentos más importante del mundo, tanto para el consumo humano directo como, de una manera indirecta, para los insumos de la producción pecuaria. Por tanto, lo que ocurra en el sector de los cereales será crucial para los suministros mundiales de alimentos.

Desde mediados de los años sesenta, el mundo ha conseguido aumentar la producción de cereales en casi mil millones de toneladas. A lo largo de los próximos treinta años tendrá que repetir la hazaña. ¿Está la tarea dentro de sus posibilidades?

Entre mediados de los años setenta y 1997-99, las importaciones anuales netas de todos los países importadores de cereales casi se duplicaron, pasando de 89 millones de toneladas a 167 millones.

Los exportadores de cereales hicieron frente perfectamente al aumento de la demanda duplicando su nivel de exportaciones. Los exportadores tradicionales como América del Norte, Australia, Argentina y Uruguay desempeñaron bien su papel. Estos países tienen el potencial necesario para seguir haciéndolo. Pero la mitad aproximadamente del aumento total de las exportaciones provino de un nuevo participante, la UE. De ser un importador neto de 21 millones de toneladas de grano anuales a mediados de los años setenta, la UE pasó a ser un exportador neto de 24 millones de toneladas anuales en 1997-99. Inicialmente, una gran parte de este cambio fue el resultado de fuertes políticas proteccionistas y de apoyo a los precios. Diversas reformas políticas de la UE han hecho, desde entonces, que los precios internos se pongan en general al nivel de los precios internacionales, pero es probable que la UE siga siendo un exportador neto importante, incluso si se incrementa el grado de liberalización de su comercio.

Las economías en transición son otra posible fuente de exportaciones futuras. De hecho, ya están empezando a tener excedentes. La tierra no cultivada es abundante en ciertas partes de Europa oriental y Rusia, y el margen para aumentar la productividad mediante la reducción de las pérdidas y el aumento de los rendimientos es elevado.

Perspectivas

Alimentos básicos

  • Trigo. El cultivo del cereal más importante del mundo representó el 31% del consumo mundial de cereales en 1997-99. En los países industriales, se utiliza para consumo animal una proporción creciente de trigo (el 45% del consumo total en la UE). El consumo de trigo per cápita en los países en desarrollo, en su inmensa mayoría para alimentos, ha seguido creciendo y la mayoría de estos países dependen cada vez más de las importaciones. Entre los importadores netos se encuentran algunos de los principales productores de trigo como el Brasil, Egipto, Irán y México. En los próximos años, se espera que aumente el consumo de trigo en todas las regiones, incluidos los países en transición, a medida que se reanime su consumo. En varios de los países consumidores de arroz, los aumentos en el consumo de trigo van de la mano con un consumo de arroz constante o en disminución. La dependencia de las importaciones de los países en desarrollo (excluidos los exportadores como Argentina y Uruguay) debe continuar creciendo, y se espera que las importaciones netas de trigo aumenten de 72 millones de toneladas anuales en 1997-99 a 160 millones de toneladas en el año 2030.
  • Arroz. Este cultivo se utiliza en su inmensa mayoría para consumo humano directo y representó el 21% del consumo mundial de cereales en peso en 1997-99. El consumo medio de arroz per cápita en los países en desarrollo se ha ido estabilizando desde mediados de los años ochenta, lo que evidencia el desarrollo económico y el crecimiento de la renta en los principales países de Asia oriental. Sin embargo, ha estado creciendo en algunas regiones, incluida Asia meridional, donde el consumo sigue siendo bajo. Se espera que el consumo crezca más lentamente en el futuro de lo que ha crecido en el pasado. De hecho, el consumo medio per cápita en los países en desarrollo puede muy bien comenzar a disminuir durante el periodo comprendido entre 2015 y 2030. Esto reducirá las presiones sobre la producción, pero dado el lento crecimiento del rendimiento de los últimos años, el mantenimiento de incrementos de producción, aunque sean modestos, será un difícil reto para la política de investigación y de regadíos.
  • Cereales secundarios. Estos incluyen el maíz, el sorgo, la cebada y  la avena, entre otros. Aproximadamente, tres quintas partes del consumo mundial de cereales secundarios se utiliza para piensos pero en los lugares donde la inseguridad alimentaria es alta estos cultivos siguen siendo muy importantes para el consumo humano directo: en el África subsahariana, el 80% de la cosecha de grano se utiliza de esta manera. El consumo de cereales secundarios ha estado creciendo rápidamente, impulsado sobre todo por el uso creciente como piensos en los países en desarrollo. En el futuro, su consumo puede crecer con mayor rapidez que el del arroz o el trigo, en línea con el crecimiento del sector pecuario. Los países en desarrollo representarán una proporción en aumento de la producción mundial, pasando desde menos de la mitad en la actualidad hasta casi tres quintas partes en 2030 (Gráfica 1).
  • Oleaginosas. Este sector ha sido uno de los más dinámicos en los últimos años, ha crecido casi dos veces más rápido que la agricultura mundial considerada en su conjunto. Abarca una amplia gama de cultivos que se utilizan no sólo como aceite, sino también para consumo directo, piensos y diversos usos industriales. El aceite de palma, de soya, de girasol y de colza representaron casi las tres cuartas partes de la producción mundial de semillas oleaginosas, si bien el aceite de oliva, de maní, de sésamo y de coco son también importantes. El rápido desarrollo de la producción ha supuesto que los cultivos oleaginosos representen una gran parte de la expansión de la tierra agrícola mundial, con un aumento neto de 75 millones de ha entre 1974-76 y 1997-99 (momento en el que las zonas destinadas a cultivos de cereales se redujeron a 28 millones de ha).

Dado su alto contenido energético, los cultivos oleaginosos desempeñan una función fundamental en la mejora de los suministros energéticos alimentarios de los países en desarrollo. En los dos últimos decenios, poco más de una de cada cinco kcal añadidas al consumo en los países en desarrollo pertenecían a este grupo de productos. Esta tendencia parece que continuará y, de hecho, se intensificará: en el periodo comprendido hasta el año 2030, 45 de cada 100 kcal adicionales pueden proceder de semillas oleaginosas. El rápido crecimiento del consumo en los últimos decenios ha ido acompañado de la aparición de varios países en desarrollo como principales importadores netos crecientes de aceites vegetales (entre ellos, China, India, México y Pakistán). Esto ha tenido como resultado que el excedente tradicional del complejo aceites vegetales/semillas oleaginosas de la balanza de pagos de los países en desarrollo se ha convertido en los últimos años en déficit. Esto se ha debido al espectacular aumento de las exportaciones de algunos países en desarrollo que han pasado a dominar la escena mundial de las exportaciones, a saber, Indonesia y Malasia para el aceite de palma, y Argentina y Brasil para el aceite de soya. En la mayoría de los países en desarrollo restantes se espera que continúe la tendencia al aumento de las importaciones (Gráfica 2).

Cultivos para la exportación tradicionales

Aparte de estos cultivos de alimentos básicos, la agricultura y con frecuencia toda la economía de numerosos países en desarrollo depende en gran medida de la producción de uno o unos pocos productos destinados principalmente a la exportación. En esta categoría se encuentran mercancías como el banano, el azúcar, el caucho natural y las bebidas tropicales (té, café y cacao).

La distinción entre cultivos para la exportación y cultivos para el mercado nacional no siempre está bien definida ni entre los países en desarrollo ni dentro de ellos mismos.

Por ejemplo, el azúcar es el cultivo para la exportación por excelencia para México y Cuba y es en cambio una importación significativa para Egipto, Indonesia y algunos otros países.

Los aceites vegetales y las semillas oleaginosas (especialmente el aceite de palma y el aceite de soya) son cultivos para la exportación importantes y en rápido aumento para varios países (incluidos Argentina, Brasil, Indonesia y Malasia) pero que se importan masivamente en países como la India y China.

El café y el cacao comparten la característica de producirse exclusivamente en países en desarrollo y consumirse predominantemente en países industriales. El caucho natural solía pertenecer a esta categoría, pero, actualmente, su consumo ha aumentado en los países en desarrollo (desde la cuarta parte a mediados de los años setenta a la mitad del consumo mundial) a medida que se industrializan estos países. El algodón pertenece a la misma clase, pero más acusadamente, ya que los países en desarrollo se han convertido en grandes importadores netos a consecuencia del crecimiento de sus industrias textiles y exportaciones de tejidos.

Las economías de los países que dependen de las exportaciones de estos productos están sujetas a la evolución del mercado mundial. Un crecimiento lento de la demanda mundial, combinado con un aumento de los suministros de los principales países productores y exportadores, que compiten entre sí, ha provocado una disminución y amplia fluctuación de los precios en los mercados para varios de estos productos.

Esto se ha acusado especialmente en el café en los últimos años: el consumo per cápita en los países industriales, que representa dos terceras partes del consumo mundial, ha sido casi constante durante dos decenios, estabilizado en 4.5 kg aproximadamente, mientras que la producción ha aumentado con la entrada en el mercado de varios países nuevos como, por ejemplo, Vietnam. El resultado ha sido que el precio del café Robusta ha caído en picado, bajando hasta 0.50 dólares EEUU por kg en enero de 2002, lo que representa la quinta parte del precio que tenía a mediados de los años noventa.

Respecto al azúcar y otros productos que han experimentado un crecimiento más rápido del consumo, principalmente en los países en desarrollo, los beneficios de los exportadores de estos países se han visto reducidos a causa de políticas que limitan el acceso a los mercados, incluidas políticas que favorecen el uso de sustitutivos edulcorantes como el jarabe de maíz. Tales políticas son muy comunes en los principales países industriales que son, o solían ser hasta hace muy poco, grandes importadores. La UE implantó políticas de este tipo para pasar de ser gran importador neto, como era hasta la segunda mitad de los años setenta, a gran exportador neto en la actualidad.

Mirando hacia el futuro, el margen de crecimiento de la demanda mundial y de las exportaciones de los países en desarrollo es mayor para los productos cuyo consumo está creciendo con bastante rapidez en los propios países en desarrollo, algunos de los cuales es probable que se conviertan en grandes importadores. A esta categoría pertenecen el azúcar y los aceites vegetales y, en menor medida, el caucho natural y el té. El banano y el cacao se están convirtiendo también en partidas importantes en varios países en desarrollo, tendencia que debería intensificarse en los próximos decenios. En relación con estos dos productos, pero también con otros como los cítricos y las frutas y hortalizas en general, hay todavía margen para un crecimiento del consumo y de las importaciones en los países industriales.

En paralelo, las economías en transición desempeñarán un papel cada vez mayor como importadores de productos tropicales, proceso que ya se ha iniciado. En contraste, la alta concentración de los mercados de café en los países industriales, junto con un crecimiento casi imperceptible de la población y del consumo per cápita en estos países, no es un buen augurio para el aumento de la producción y de las exportaciones de este producto: una continuidad del reducido crecimiento actual, no superior al 1.2% anual, parece el resultado más probable.

En conclusión, la agricultura, la economía y la seguridad alimentaria global de varios países en desarrollo seguirán dependiendo de varios cultivos para los que las condiciones del mercado mundial no solamente son volátiles sino que además, en conjunto, muestran una tendencia descendente respecto a los precios reales. Estas características del mercado pueden ser altamente perjudiciales para las perspectivas de desarrollo de estos países. Los países que no han sido capaces en el pasado de diversificar sus economías y reducir su dependencia de estos cultivos para la exportación tradicionales, tienen un historial de crecimiento que está muy por debajo de la media. Su reto es cambiar este panorama en el futuro. Las experiencias de países como Malasia sugieren que se puede conseguir (Gráfica 3).

Los problemas medioambientales tienen que solucionarse

Una preocupación que se plantea con frecuencia es que la producción extra necesaria para satisfacer la demanda mundial no será sostenible ya que implica niveles cada vez mayores de daños al medio ambiente que socavarán la base de recursos naturales.

En los países desarrollados, esta preocupación se refiere principalmente al aumento del uso de fertilizantes y otros productos químicos. Los aumentos del pasado han tenido como resultado graves problemas de contaminación del agua y del aire, y lo mismo ocurrirá con los futuros a menos que se adopten contramedidas.

Aunque el uso abusivo de plaguicidas y otros productos químicos constituye un problema en algunas zonas de gran potencial, el aumento de la producción en el mundo en desarrollo entraña, en su mayor parte, riesgos medioambientales de distinta clase:

En sistemas de explotación y cría de ganado extensivos, los principales riesgos son la erosión del suelo, su empobrecimiento y la deforestación, lo que provoca una disminución de los rendimientos y la desertización.

En sistemas de explotación intensivos de regadío, los riesgos principales son la salinización, el anegamiento y la escasez de agua.

En algunas zonas, ya se conocen y practican algunos métodos para aumentar y mantener la producción de cultivos, minimizando los daños al mismo tiempo. Tales métodos tienen que ser objeto de investigación para extenderlos a todos los entornos, con políticas adecuadas que favorezcan su rápida difusión.  AS