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Resultados del Algodón y Maíz transgénicos (GM)

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La experiencia en Colombia (PRIMERA PARTE)


Colombia sembró 88 mil hectáreas con cultivos transgénicos. El cultivo de algodón se recupera alcanzando las 12 mil hectáreas.

Los cultivos genéticamente modificados o transgénicos (GM) se han utilizado ampliamente en muchas partes del mundo durante más de 20 años. En algodón y maíz, esta tecnología se utilizó por primera vez en los Estados Unidos en 1996. Desde entonces, su uso se ha extendido a 55.5 millones de hectáreas (2018) de maíz sembrado en trece países y 23.8 millones de hectáreas de algodón también sembradas en trece países. En Colombia, el algodón GM se cultivó experimentalmente por primera vez en 2003 de forma restringida, liberándose comercialmente a partir de 2004. En los primeros años comerciales, las variedades resistentes a insectos controlaban eficazmente al gusano bellotero (Heliothis virescens), gusano del algodón (Helicoverpa zeae), gusano rosado (Pectinophora gossypiella), gusano rosado falso (Sacadodes pyralis), gusano de oruga de la hoja (Alabama argillacea) y al gusano cogollero (Spodoptera sp). Las variedades con resistencia a plagas y tolerante a herbicidas (tolerancia al glifosato) estuvieron disponibles a partir de 2006. Luego se liberaron otras variedades con resistencias adicionales, de segunda generación, que extendieron el control al gusano soldado (Spodoptera) y eran tolerantes al glifosato ‘RoundupFlex’ que permitió la aplicación pulverizada del glifosato para el control de malezas durante la etapa de crecimiento de la planta, desde 2009/10. El algodón Liberty Link, tolerante al herbicida glufosinato, estuvo disponible en 2011 y otras variedades tolerantes al glifosato y glufosinato, estuvieron disponibles a partir de 2014.

Las variedades de algodón tolerantes a glifosato y glufosinato (Twinlink y Glytol) se adoptaron rápidamente y representaron el 75% de las plantaciones de algodón GM en 2018, según el Instituto Colombiano Agropecuario (ICA)). En 2018, se plantó algodón GM en 12,103 ha. o el 98% de la superficie.

El maíz transgénico se cultivó por primera vez experimentalmente en 2006, y después de manera comercial a finales del 2007. Las primeras variedades disponibles (por ejemplo, “Yieldgard”) contaban con resistencia a las plagas comunes del maíz como el gusano barrenador del maíz (Diatraea) y el gusano elotero (Helicoverpa), y posteriormente incluyeron resistencia al gusano cogollero (Spodoptera frugiperda). Las variedades con tolerancia al glifosato y glufosinato también fueron aprobadas en 2007/08, y disponibles a partir de 2009. En años posteriores, se desarrollaron variedades con resistencias de segunda generación, con un control más efectivo de las plagas y una menor posibilidad de desarrollar resistencia mediante la inclusión de modos adicionales de acción de control. En 2018, se sembraron 76,014 ha. de maíz transgénico, de las cuales el 92.5% eran tolerantes a glifosato y glufosinato.

Este artículo presenta una evaluación de algunos de los principales impactos económicos y ambientales asociados con la adopción de algodón y maíz GM desde 2003 y 2007, respectivamente, en Colombia. Aunque en México no se permite el uso de esta tecnología, el objetivo de este artículo consiste en dar a cononcer sus beneficios potenciales para un agricultura mexicana que necesita ser más competitiva para poder competir internacionalmente ante los bajos precios que se registran en los commodities a nivel mundial.

El análisis se centra en 3 puntos:

  • Efectos de los ingresos brutos agrícolas en los costos de producción, rendimiento / producción e ingresos agrícolas,
  • Cambios en la cantidad de insecticidas y herbicidas aplicados a los cultivos transgénicos en relación con las alternativas convencionales y,
  • La contribución de la tecnología a la reducción de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero (GEI).

Metodología

El enfoque utilizado busca estimar los impactos económicos del maíz y algodón GM a nivel de campo como el rendimiento, ahorros de insumos y los impactos ambientales asociados con los cambios en el uso de insecticidas y disminución de emisiones de carbono. Este análisis se basa en una combinación de documentos, datos y análisis del impacto de la tecnología en Colombia por varios investigadores.

La metodología utilizada para evaluar el impacto ambiental asociado con los cambios en el uso de agroquímicos con cultivos GM en Colombia examina los cambios en el volumen (cantidad) de insecticidas y herbicidas aplicados, y en el uso del indicador de cociente de Impacto Ambiental (EIQ). El indicador EIQ proporciona una evaluación del impacto de los cultivos transgénicos en el medio ambiente en comparación con sólo examinar los cambios en el volumen del ingrediente activo aplicado, ya que se basa en algunos de los datos clave de toxicidad y exposición ambiental relacionados con productos individuales, según corresponda a los impactos en los trabajadores agrícolas, los consumidores y medio ambiente.

Algodón Transgénico

El algodón se cultiva en dos regiones, la costera (Córdoba), de temporal, que representa el 60% del total de la superficie y la región interior, de riego, donde Tolima domina la producción.

Al momento de la introducción de la tecnología, el área promedio plantada con algodón era de 7 a 9 ha. por productor. El número total de empresas productoras oscilaba entre 6,000 y 7,000. En 2018, la superficie promedio fue de aproximadamente 30 hectáreas por productor, con un total de alrededor de 500–600 productores (fuente: Conalgodon).

Hay muchas plagas en el algodón. Las principales plagas a las que apunta la tecnología son los gusanos Heliothis virescens, los gusanos Helicoverpa zeae, el gusano rosado Pectinophora gossypiella, el gusano Sacadodes pyralis, el gusano de algodón Alabama argillacea y el gusano de la hoja Spodoptera sp. Otras plagas, no controladas por la tecnología son el picudo Antonhomus grandis y la mosca blanca Bemisia tabaci.

Tradicionalmente, en el algodón convencional, la forma principal de control de plagas era mediante el uso de insecticidas, con un promedio de aproximadamente 11 aplicaciones por temporada. De estas, seis eran contra las plagas controladas por la tecnología GM. Las restantes 4–6 aplicaciones de insecticidas eran principalmente para el control del picudo Antonhomus grandis, que sigue siendo la principal plaga para el algodón. Las medidas de cuarentena, como la necesidad de plantar cultivos en diferentes estaciones por región, y la destrucción obligatoria de los residuos de la cosecha y el uso de trampas de feromonas tanto antes como durante la temporada de desarrollo del cultivo fueron aplicadas.

En relación con el control de malezas en el algodón convencional, se realizaron con una aplicación preemergente de glifosato más dos aplicaciones de diurón, y dos ciclos de destrucción de socas manual/mecánico.

Maíz

En 2018, el cultivo total de maíz en Colombia fue de aproximadamente 400,000 ha., de las cuales el 65% fue de maíz amarillo, utilizado principalmente para alimentación animal y el 36% era maíz blanco, para consumo humano (Fuente: Federación Nacional de Cultivadores de Cereales, Leguminosas y Soya – Fenalce). Las estadísticas de Fenalce clasifican la producción en dos tipos distintos de producción, “tecnificada”, con semillas híbridas y venta comercial, que representaron el 54% del área plantada. El 46% restante se producía de manera “tradicional”, donde se practica la agricultura de subsistencia para consumo propio/doméstico y los agricultores no usan semillas híbridas. El cultivo se produce en todo Colombia, aunque las principales regiones donde se cultiva el maíz comercial son Meta Altillanura, Córdoba, Tolima y Valle, que representaron el 18%, 16%, 13% y 7%, respectivamente, de las plantaciones totales en 2018. El maíz transgénico es cultivado solo por productores “tecnificados” (comerciales) y, por lo tanto, la proporción aproximada de este cultivo que utiliza tecnología transgénica en los últimos años ha estado dentro del rango del 36% al 48% de la superficie total comercial (36% en 2018).

Las principales plagas del maíz en Colombia son el gusano cogollero (Spodoptera), el barrenador del tallo (Diatraea), el gusano elotero (Helicoverpa) y las plagas chupadoras como la chicharrita (Dalbulus maidis). La tecnología del GM en el maíz apunta a las tres primeras de estas plagas. Los barrenadores han sido tradicionalmente la principal plaga, con niveles más bajos de incidencia de gusanos cogollero y barrenador (fuente: AgroBio). Los niveles de presión de cada plaga varían según la región y época del año, dependiendo de las condiciones climáticas locales, de las que dependen las formas convencionales de control (especialmente la aplicación de insecticidas) y tiempos de siembra (los cultivos plantados temprano generalmente son más capaces de resistir los ataques en comparación con los cultivos plantados más adelante en el año). Esto significa que el impacto negativo en los rendimientos de los cultivos puede variar ampliamente.

El método tradicional de control de plagas ha sido el uso de insecticidas, con 1–2 aplicaciones para gusanos, y 1–2 aplicaciones para insectos chupadores, más tratamientos de semillas. Dada la incidencia generalizada y la presión de plagas en todas las regiones productoras, casi todos los productores comerciales usan insecticidas convencionales para el control de las principales plagas de maíz (fuentes: AgroBio Colombia).

El control de malezas en el maíz convencional se ha basado en el uso de herbicidas. El uso de ingredientes activos como pendimetalina, acetocloro, atrazina y aplicaciones preemergentes de glifosato/glufosinato, seguido de un deshierbe manual (Fuente: Comunicaciones personales de los miembros de AgroBio).

Resultados

Impactos de rendimiento

Al evaluar el desempeño de la tecnología GM en los dos cultivos en Colombia, es importante reconocer que hay una serie de factores que tienen impacto en su desempeño:

1. Presión de las plagas: el nivel de daños en el cultivo causados ​​por las plagas varía según la ubicación, el año, los factores climáticos, el momento de la siembra, y si se usan o no insecticidas y el momento de la aplicación. Esto significa que cualquier posible impacto positivo en los rendimientos derivados de la tecnología GM puede variar según la región, el año y el campo.

El impacto de las plagas que no son controladas por la tecnología GM en el cultivo de algodón, es de particular importancia porque el gorgojo de las cápsulas, es la principal plaga en Colombia, especialmente en la región costera. Del mismo modo, en el cultivo de maíz, plagas como Dalbulus maidis, pueden causar daños importantes en los cultivos como vectores de enfermedades virales. Por lo tanto, aún se requieren formas convencionales de control para el control de estas plagas.

2. Disponibilidad de variedades GM con adaptación a las diferentes regiones de cultivo. Si la tecnología no estaba disponible, entonces no se pudo maximizar el potencial genético de la planta y el rendimiento se pudo haber afectado.

La naturaleza cambiante de las variedades de semillas

La tecnología GM disponible en 2019 no es la misma que la disponible cuando los agricultores la adoptaron por primera vez. Esto significa que el desempeño identificado durante los primeros años de adopción puede no ser necesariamente representativo del desempeño en años posteriores. Por ejemplo, la segunda generación de genes de resistencia a insectos GM en algodón (Bollgard II) proporcionó el control de más plagas que la primera generación de algodón GM (Bollgard I). Asimismo, el rendimiento de las variedades está sujeto a cambios a medida que se desarrollan nuevas con mejor genética.

La influencia de estos factores se puede ver en los hallazgos de algunos de los primeros estudios sobre el impacto del uso de la tecnología GM en Colombia (Ver Tabla 1).

Este estudio examinó la adopción temprana del algodón transgénico. Se llevó a cabo en 2007-08, entrevistó a 364 agricultores, principalmente en los dos departamentos más importantes de producción de algodón de Córdoba y Tolima más Sucre, que tiene un área de cultivo de algodón relativamente pequeña pero un número significativo de pequeños productores. La encuesta descubrió que los agricultores que usaban algodón GM tenían rendimientos más altos que aquellos que usaban variedades convencionales pero costos de producción más altos por hectárea. En términos de costos por tonelada de fibra de algodón, estos fueron, sin embargo, más bajos para los productores de algodón transgénico. Se observaron mayores rendimientos debido a su resistencia contra plagas en lugar de las reducciones de costos esperadas con el uso de insecticidas. El estudio encontró que los productores de algodón transgénico, en dos de los tres departamentos encuestados, gastaron más en insecticidas que los agricultores convencionales. El gasto reflejó la necesidad de controlar las plagas que la tecnología de algodón GM no controlaba (en particular, el gorgojo de las cápsulas), además que son agricultores con más recursos que sus contrapartes. Los niveles más altos de adopción también se encontraron en Tolima, que era la región que había experimentado la mayor incidencia de presión de plagas controladas por la tecnología. Esto contrastaba con la región costera de Córdoba y Sucre, donde la producción era principalmente de temporal, y los agricultores batallaron en controlar las plagas no incluidas por la tecnología (especialmente el gorgojo de la cápsula y la mosca blanca). Las diferencias de rendimiento entre los agricultores GM y convencional variaron considerablemente (mayores rendimientos para el algodón GM de +9.2% en Córdoba, +17.6% Sucre y +75% en Tolima). Es importante reconocer que solo algunas de estas diferencias de rendimiento fueron atribuibles a la tecnología GM; otros factores importantes fueron el buen manejo del cultivo, la calidad de la tierra, el acceso al riego y la eficacia de los métodos de control convencional de las plagas y el rendimiento de la variedad de semillas utilizada.

Cuando los autores ajustaron su análisis de rendimiento para tener en cuenta algunos de estos factores, la diferencia en el rendimiento a favor del algodón GM fue de +35%. El clima también influyó en los resultados en la región costera. En ese momento, los autores concluyeron que la adopción del algodón GM estaba mostrando beneficios claros de rendimiento e ingresos en Tolima, pero era menos ventajoso económicamente para los agricultores de la región costera (Córdoba y Sucre) debido a una combinación de niveles más bajos de presión de plagas y factores no relacionados con la tecnología, como un menor acceso a insumos, crédito y maquinaria, y las condiciones climáticas extremas durante la temporada en que se realizó el estudio.

Según datos de la asociación nacional de algodón Conalgodon, dos de las variedades que contenían resistencia a plagas y tolerancia a glifosato, DP455BRR y Deltaopal RR, tuvieron un desempeño deficiente con rendimiento entre −27% y −42% en relación con las principales variedades convencionales. Una tercera variedad, Nuopal RR, sin embargo, arrojó un 29% más que las principales variedades convencionales. Además, el rendimiento de las principales variedades con sólo resistencia a plagas (DP164B2F y Nuopal) registró rendimientos entre +44% y +48% más que las variedades convencionales líderes. Estas comparaciones de rendimiento se relacionan con los cultivos en la región de Córdoba.

El impacto del uso de maíz en el Valle de San Juan (Tolima) durante la primera temporada en 2009 encontró la diferencia de rendimiento a favor del maíz modificado genéticamente en +22%, y los costos generales de producción también fueron menores en un 14% (mayor costo de la semilla modificada genéticamente, más el gasto reducido en insecticidas y herbicidas). También se descubrió que el sistema de producción de maíz GM tenía un impacto ambiental menor en el medio ambiente, medido por el Cociente de Impacto Ambiental (EIQ) que el sistema de producción de maíz convencional, principalmente debido a la eliminación del uso de insecticidas y un cambio en el perfil de los herbicidas utilizados (el uso de cinco herbicidas fué reemplazado por uno, glufosinato, para el control de malezas). Como reconocieron los autores, este estudio se realizó en una pequeña región en la primera del 2009 y se relacionó con la tecnología GM que era tolerante a un herbicida, el glufosinato, mientras que la mayoría del maíz GM adoptado más adelante era tolerante al glifosato, y no para ambos glifosato y glufosinato.

El análisis del algodón se basó en entrevistar a 20 productores de algodón. 15 que usaron de las primeras variedades de algodón transgénico Bollgard 1, con tolerancia al glifosato, y 5 variedades convencionales en crecimiento en el municipio de El Espinal, en el departamento de Tolima, en el primer semestre de 2009. El estudio concluyó que las variedades GM produjeron rendimientos más altos en aproximadamente +14%. En relación con el impacto ambiental del uso de insecticidas, medido por el indicador EIQ, estos fueron peores para el algodón GM que el impacto ambiental asociado con el uso de insecticidas en el algodón convencional. Sin embargo, el impacto ambiental del uso de herbicidas, medido por el indicador EIQ en el algodón GM, fue mejor que el impacto ambiental asociado con el uso de herbicidas en el algodón convencional. Sin embargo, el estudio fue muy pequeño y localizado, y por lo tanto no representativo de la producción de algodón en todas las regiones. También es probable que las diferencias en el manejo utilizadas por los primeros usuarios de la tecnología GM en comparación con los productores convencionales tuvo una influencia importante en la cantidad de insecticidas utilizados.

Continuará en siguiente edición…

Autor: Graham Brookes (2020) Genetically modified (GM) crop use in Colombia: farm level economic and environmental contributions.

GM Crops & Food, DOI: 10.1080/21645698.2020.1715156