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Se requieren políticas públicas puntuales en el consumo de maíz

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Anualmente, México produce poco más de 18 millones de toneladas de maíz blanco, pero importa cerca de 8 millones de toneladas de maíz amarillo, cifra que aumenta año con año. La industria del maíz contribuye con más de 320 mil empleos directos, y dos millones de agricultores están dedicados a la siembra del maíz. El gasto familiar de los hogares mexicanos en maíz y sus derivados es de cerca de $14 mil millones de pesos al año.

El reciente incremento en los precios de los granos es un llamado para que mejore la competitividad del sector agroindustrial en México y logremos satisfacer la demanda nacional de maíz blanco y maíz amarillo con maíz mexicano. Este grano aporta 1% del PIB nacional y contribuye con más del 7% del Producto Interno Agropecuario. En los últimos 15 años, el rendimiento del maíz se incrementó a una tasa promedio anual de 2.5%, al pasar de 2.3 a 3.3 ton/ha; esta tasa es superior al promedio anual de crecimiento de la población mexicana. No obstante este comportamiento favorable, el reto es incrementar nuestros niveles de productividad a tasas más elevadas haciendo uso del desarrollo tecnológico, sin descuidar la conservación y el aprovechamiento sustentable de nuestros recursos genéticos, activos estratégicos de nuestro país. Al ser nuestro país centro de origen del maíz, una prioridad es preservar y aprovechar, de forma sustentable, las variedades nativas mediante el programa de Maíces Criollos, así como fomentar el cultivo y consumo de maíces con nichos de mercado, como los maíces azules, y el aprovechamiento de las variedades pigmentadas, en beneficio de los productores mexicanos y de sus familias. Para el éxito de este esfuerzo es indispensable que esta industria desarrolle nuevos productos a base de maíces criollos.

Es necesario analizar la forma de hacer más eficiente la producción y abasto del maíz blanco y maíz amarillo. Para ello, se requiere dar mayor certeza a los productores para que siembren maíz amarillo, poniendo en marcha políticas puntuales y oportunas para que se decidan a cambiar de cultivo. Es paradójico que mientras en México se presenta un superávit de maíz blanco, en 2009 importó aproximadamente 8 millones de toneladas de maíz amarillo debido a la baja producción nacional de este grano. Para ello, se están fortaleciendo los programas de reconversión. En este marco, el Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (INIFAP) y la Asociación Mexicana de Semilleros, A.C., están trabajando para obtener semillas certificadas de variedades de alta productividad de maíz amarillo. Adicionalmente, pese a ser el cuarto mayor productor de maíz del mundo, México importa cada año –principalmente de Estados Unidos– millones de toneladas de granos para alimento de ganado, pues el maíz blanco que cultiva –el 90% de su producción total– lo destina para consumo humano. México perdió autosuficiencia en el grano hace décadas y los ajustados inventarios en Estados Unidos, aunado a la gran cantidad de maíz que ese país destina a la producción de etanol, han llevado a la nación a plantearse la necesidad de elevar su producción.

Una respuesta del gobierno, es el programa MasAgro cuya base es la “Agricultura de Conservación”, un sistema en el que el Cimmyt ha trabajado durante años, que reduce y mejora el consumo del agua, el uso de fertilizantes, así como de combustibles asociados a la labranza, al tiempo que disminuye la erosión de la tierra. El sistema consiste en no “voltear” la tierra con el arado al prepararla para la siembra, como se hace tradicionalmente, lo que mantiene la humedad. Además, deben dejarse residuos del cultivo previo en la tierra para aportar nutrientes, reducir la evaporación de agua y disminuir la erosión al protegerla de los rayos del sol, manteniendo la productividad por más tiempo. En la agricultura convencional, el agricultor depende mucho del clima y hay veces que no se dan las lluvias suficientes como para sembrar y se pierde el crecimiento del cultivo, en cambio, al dejar los residuos, al poder sembrar directamente sin tener que hacer la preparación del suelo que se hace en la agricultura convencional, una pequeña lluvia es suficiente para poder entrar en el campo y sembrar. México sufrió una severa sequía en el 2009 por el fenómeno de “El Niño” que redujo la producción de maíz a 20 millones de toneladas, desde 24.2 millones en el 2008. Además, las heladas a inicios de este año afectaron la siembra de maíz en Sinaloa, en el norte del país, el mayor estado productor del ciclo otoño-invierno. La mayor producción se ve en el ciclo primavera-verano, que depende de las lluvias, y el retraso este año de éstas, en importantes estados productores, ha despertado alerta pese a que el Gobierno mantiene su expectativa de más de 23 millones de toneladas de maíz para este año.

Por otra parte, México tiene 15 años de retraso en la adopción de las herramientas que ofrece la biotecnología agrícola y debe recuperar cuanto antes el tiempo perdido si no queremos estar condenados a depender de las importaciones por el contrario, deberíamos enfocarnos a ser un país agroexportador. El vasto territorio de la República y las bondades de su clima permiten formarse expectativas en este sentido, siempre y cuando el gobierno de los lineamientos necesarios para su correcta explotación. Aún mejor, existen instituciones tan prestigiadas a nivel mundial como el Cimmyt que actualmente realiza investigaciones evaluando trigos modificados con genes de tolerancia a sequía, en total a pego a la ley de Bioseguridad de Organismos Genéticamente Modificados de México y regulado por las autoridades del Senasica y Sagarpa. Se espera que estas investigaciones arrojen resultados que puedan aplicarse al maíz e incrementar la productividad de este grano básico.

Además del importante aporte nutricional que ha sido el maíz en la dieta de los mexicanos durante miles de años, la reciente fortificación de las harinas ha permitido ofrecer tortillas a bases de harina de maíz con un aporte mayor, por lo que representa un valioso producto para la población. De acuerdo a esto, las harinas fortificadas deben llegar a todos los estratos sociales.

Con todas estas variables a considerar, la legislación debe actualizarse constantemente para garantizar que está acorde con las circunstancias y de esta forma favorecer los ciclos productivos del maíz. El año pasado se realizó el foro “Los retos de la industria del maíz en México” con la participación de diferentes entidades de la industria, como productores, gobierno, empresarios, academia y consumidores con el objetivo de obtener una visión de todos los actores involucrados en la cadena del maíz.  AS